Profeta Jonás

FICHA BIOGRÁFICA

Jonás es considerado un personaje —no un ser humano de carne y hueso—. Es el profeta judío de Palestina situado en el siglo VIII a.C. que Dios envío a predicar a Nínive, la gran capital del Imperio Neoasirio. Jonás es la representación del pensamiento de la comunidad de Jerusalén de aquellos tiempos, esto de acuerdo a los estudiosos de la Biblia1 como el Padre Mora, benedictino de Jerusalén. El profeta Jonás es el retrato un tanto caricaturesco de ese ambiente y el autor sagrado hace una crítica de él (la cual aún nos es vigente en el siglo XXI).

El libro de Jonás es un cuento teológico (género novelesco) de gran riqueza y el autor inventó a Jonás para denunciar una realidad histórica: el pueblo de Israel obstinado en sus contradicciones. Para el siglo V a.C., el Imperio Asirio y su capital Nínive ya habían caído y quien ahora domina es el Imperio Persa el cual sometió a Babilonia en el año 539 a.C. El pueblo judío fue sometido tanto por asirios, como babilonios y persas. El libro de Jonás se afirma fue escrito alrededor de la mitad del siglo V antes de nuestra era durante el dominio persa.

LUGAR Y TIEMPO DE PREDICACIÓN

Nínive (hoy provincia de Irak) fue la gran ciudad que el rey Senaquerib convirtió en la capital del Imperio Nuevo Asirio (“neoasirio”) en el año 700 a.C. y que fue la más grande en el mundo por poco más de 50 años. El Imperio Neoasirio lo podemos ubicar en la historia de Mesopotamia entre los años 934 a.C. y 609 a.C. Durante estos 3 siglos, el imperio asirio se convirtió en el Estado más poderoso sobre la tierra. Durante la época del rey Senaquerib podemos también situar al profeta Isaías.

Se estima que Nínive tenía una extensión superficial de 750 hectáreas (7.5 Km2) rodeada de una muralla de 12 Km y una población de más de 100,000 habitantes. De acuerdo a la Biblia, se necesitaban 3 días para atravesar Nínive pues era una ciudad muy grande (Jon 3, 3).

Alrededor del 633 a.C. Nínive comenzó a dar muestras de debilidad y los medos la atacaron. Hubo un segundo ataque de estos, pero esta vez unidos a Babilonia y Susa en el 625 a.C. En el año 612 a.C. nuevamente los medos, babilonios, persas y otros más volvieron a atacar Nínive hasta destruirla. De esta forma, el Imperio Neoasirio llegó a su fin con los medos y los babilonios repartiéndose entre sí sus provincias.

Con estos antecedentes podemos afirmar de forma más clara que el profeta Jonás predicó en Nínive –la gran ciudad–, el siglo VIII a.C., época en que la misma se convirtió en la capital del Imperio Neoasirio (año 700 a.C.). De acuerdo a la Biblia, podemos deducir que el autor sagrado se remota más de 250 años al pasado para centrar al Libro de Jonás en el esplendor de la ciudad de Nínive.

ESQUEMA DE LA OBRA

Los estudiosos del Libro de Jonás observan 2 partes intrínsecamente paralelas con 3 subdivisiones cada una. El libro de Jonás contempla 4 capítulos muy breves.

PRIMERA PARTE
“El Señor dirigió la palabra a Jonás, hijo de Amitay…”

SEGUNDA PARTE
“El Señor dirigió otra vez la palabra a Jonás…”

Dios envía a Jonás a predicar a los paganos.

Cap. 1, 1—3
Jonás rechaza su misión a los paganos. Huida de Jonás.

Cap. 3, 1—4
Jonás y la Palabra de Dios. Misión Renovada.

Dios y los paganos

Cap. 1, 4—16
Dios y los paganos en la tempestad.

Cap. 3, 5—10
Episodio Central: Dios y los Paganos.

Dios y Jonás

Cap. 2, 1—11
Dios y Jonás. Salvamento de Jonás.

Cap. 4, 1—11
Dios y Jonás. Dios retira su amenaza y provoca el enfado de Jonás

· Nínive tiene una gran fuerza unitaria en el libro de Jonás pues se encuentra al principio (Cap. 1, 1), al centro (Cap.3, 1) y al final (Cap.4, 11) del relato.

· De igual manera, podemos observar la omnipotencia de Dios presente en cada acción ya sea de forma visible o invisible, por ejemplo: la tempestad, el pez, la planta de ricino, el viento caliente, etc. Es la palabra de Dios quien pone en movimiento al relato y es también la palabra de Dios quien lo cierra.

· Esta división deja en la sombra al gran pez que se tragó a Jonás. Y es que aunque la mayoría de nosotros asociamos a Jonás con el pez gigante, éste último NO es centro del relato. ¡A penas es nombrado en 2 versículos de los 48 que contiene el libro! El pez sólo es el instrumento providencial que devuelve a Jonás a su misión encomendada: ir a predicar a Nínive.

MENSAJE PROFÉTICO

Ya que el Libro de Jonás es corto, pero de gran riqueza, un breve resumen no nos vendría nada mal. En él podremos contextualizar mejor el mensaje profético: la amenaza de destrucción de Nínive –la gran ciudad pagana– si no se aparta del pecado y dirige su corazón hacia Dios. Comencemos…

Dios envía a Jonás a predicar a Nínive, la ciudad del pecado. Pero Jonás desobedece y en su lugar se embarca a lado opuesto, rumbo a Tarsis. Entonces, Dios provoca una gran tempestad en el barco, mientras Jonás duerme. Los marineros se asustan e invocan a sus dioses, pero es en vano. De pronto, entienden que Jonás es el culpable de tal tragedia tras confesar su desobediencia y religión: “Soy hebreo y temo a Yahvé, Dios del Cielo, que hizo el mar y los continentes…”. Jonás mismo les da la solución: “echarlo al mar”. Pero el mar embravecía aún más y fue entonces que los marineros paganos invocaron al Dios de Jonás: Yahvé. Tras arrojar a Jonás al mar, la furia del mar se calmó y ¡los paganos se convirtieron a Yahvé!

Entonces un gran pez se tragó al profeta Jonás y estuvo en su vientre 3 días hasta que lo vomitó sobre tierra. Dios volvió a ordenarle a Jonás que fuera a Nínive y esta vez Jonás obedeció. El mensaje anunciado por Jonás a la ciudad pagana fue: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”. En ese momento –y contra todo pronóstico– Nínive se arrepintió, enderezó sus senderos y se convirtió a Yahvé.

Jonás al ver que Dios se retractaba de su amenaza, enfureció y le reclamó a Dios: “por eso traté de huir a Tarsis. Yo sabía que tú eres un Dios clemente y misericordioso, paciente y lleno de bondad, siempre dispuesto a perdonar”. Tal fue su enfado que se deseó la muerte. Entonces, Dios cuestionó la actitud de Jonás, pero éste mejor se fue e hizo una cabaña para observar el destino de la ciudad. Dios para calmar la ira de Jonás hizo crecer una planta de ricino para darle sombra y éste se alegró mucho, pero al amanecer un gusano la secó. Al salir el sol, Dios hizo soplar un viento caliente y el calor desmayó a Jonás. Jonás por segunda ocasión se deseó la muerte. Y Dios lo volvió a cuestionar: “¿Te parece bien enojarte por este ricino?” A lo que Jonás vuelve a responder de forma negativa. Entonces, Dios le responde a Jonás que así como él se afligió por una planta de ricino que murió y que nada le había costado, pues de la misma forma ÉL, Dios, NO podía dejar de tener misericordia y compasión por una ciudad de 120 mil habitantes que no saben distinguir el bien del mal, además de la gran cantidad de animales.

TEOLOGÍA DEL MENSAJE PROFÉTICO

En el siglo V Judá dejó de existir como reino y en su lugar había formado parte del Imperio Persa como una minúscula provincia con su propia constitución: La Torá. La pequeña comunidad judía es muy nacionalista, clerical y hasta cierto punto “cerrada”. Se halla preocupada por la pureza de sangre, está bajo la dirección de los sacerdotes y los escribas y sus horizontes son muy estrechos. El pueblo judío sufre la obsesión por el pecado y el odio al paganismo. La obsesión contra ese pecado que provocó la destrucción del templo, el fin de la monarquía davídica y el destierro como castigo, los lleva a multiplicar sus liturgias penitenciales. El odio a las naciones que fueron el instrumento de su corrupción y de su pérdida la encierra en un nacionalismo obstinado.

Si consideramos los antecedentes antes mencionados y los contrastamos con la misión que Dios le encomendó a Jonás, resulta una verdadera tragedia –humanamente hablando– para el profeta. Veamos porqué.

Dios y Jonás

Jonás y los paganos

1. Jonás reconoce que Yavé es el “Dios del Cielo, que hizo el mar y los continentes”.

2. Jonás también sabe que Yavé es “un Dios clemente y misericordioso, paciente y lleno de bondad, siempre dispuesto a perdonar”.

3. Jonás sabe que si va a Nínive y anuncia el mensaje de Dios y éstos se apartan de su pecado, Dios los perdonará sin mirar atrás.

1. Jonás odia a los paganos.

2. Nínive, la capital del Imperio Neoasirio, es la ciudad del pecado y es también pagana.

3. El Imperio Neoasirio ha sometido al pueblo judío al cual pertenece Jonás.

4. Jonás busca fervientemente que los paganos reciban el castigo de Dios por su pecado. De esa forma, “Dios les hará justicia”.

Ahora bien, si nos ponemos en el lugar de Jonás y pensamos como él, bien podríamos hacer semejantes afirmaciones como ésta: “¡A ver Dios…! ¡Cómo me pides que vaya anunciar tu mensaje a “éstos” que han conquistado nuestra tierra y que por su causa estamos en la ruina! ¡Imposible! ¡No voy! ¡Manda a otro! Es más, ¡castígalos y haznos justicia!”. Curioso, ¿no? ¡Cuántos Jonas-és habremos hoy en el mundo y que nos comportamos como verdaderos “Caín-es”! Es decir, por un lado reconocemos que Dios es bueno, amoroso, el Creador de todo el universo, de todo lo visible y lo invisible, pero eso sí…si mi prójimo me hace el mal, ¡castígalo Dios! ¡Hazme justicia! ¡Haz llover fuego sobre él! Pareciera que Dios sólo lo buscamos para nosotros y todos aquellos que nos “caen bien”, pero si es mi enemigo o piensa diferente a mí, rogamos a Dios para que los castigue. ¿No acaso estamos cayendo en el grave error de querer hasta cierto punto MONOPOLIZAR la acción de Dios a nuestro gusto cegados por un falso sentido de búsqueda de la justicia? Eso fue precisamente lo que le ocurrió a Jonás y lo que lo hizo caer en una grave contradicción: “Sí, reconozco que TÚ eres el Dios Creador del universo, pero este vecino/tío/hermano/padre/madre mío castígalo porque ¡ve todo lo que me hace! Anda, Dios hazme justicia ¡ya!”.

Sin embargo, en los caminos de Dios y los del hombre a veces (¿siempre?) hay mucha distancia. Si Dios fuera justo, muy probablemente su pensamiento habría coincidido con el de Jonás y Nínive habría posiblemente recibido un “jalón de orejas”. Pero aquí hay un aspecto de Dios que es mucho más grande que el de la justicia y ése es el del AMOR y la MISERICORDIA.

Es entonces que Dios, ante nuestras solicitudes, nos increpa y nos dice: “¿acaso tu hermano a quien tanto odias, del que tanto hablas mal, del que te molesta, del que piensa diferente, al que le eres indiferente, del que no es de tu misma religión, del que no es tan listo como tú, que hace las cosas diferentes a ti…merece ser castigado justo en este momento en que tú lo solicitas? Yo soy un Dios justo, pero también soy el Padre de “éste”, tu hermano tuyo, y también lo amo. Todos ustedes son mis hijos, son MI creación y a todos ustedes los amo. Mi amor por ustedes antecede a mi justicia. Démosle otra oportunidad y todas las que sean necesarias. Antes bien, háblales de MÍ y sé tú el instrumento para su salvación“. ¿Qué responderíamos ante eso? Jonás lo hizo con una desobediencia. Sin embargo, NO es fácil escaparse de Dios y ÉL nos pone nuevamente en nuestra misión encomendada tal y como el pez devolvió a Jonás a tierra firme para ahora sí ir a Nínive en obediencia a Dios. Entonces, nuevamente ¿cómo responderíamos? Ésa es la gran pregunta que nos queda de tarea.

Por tanto, el significado teológico de este mensaje profético es que Dios ama a todos porque todos somos su Creación, ÉL es el Padre NUESTRO y NO puede preocuparse sólo por un grupo de personas (católicos, musulmanes, hindúes, budistas, etc.), sino por TODOS. El ser humano a veces consciente o inconscientemente caemos en contradicciones al reconocer a Dios como el Creador del universo, pero deseando que se olvide (e incluso castigue) a algunos de nuestros hermanos. Dios NO piensa como el hombre, si así fuera, sería desastroso: un mundo donde la justicia está subordinada a nuestras emociones y sentimientos (¿algún parecido con la realidad?). El AMOR de Dios por su CREACIÓN y TODOS SUS HIJOS (católicos, protestantes, amarillos, azules, rojos, blancos, morenos, altos, bajitos, delgados, etc., etc.), antecede a su justicia. Dios busca que seamos sus instrumentos de salvación para nuestros hermanos.

Finalmente, cuando la conversión auténtica nos alcance y decidamos hacer penitencia como Nínive, NO es por ella que en automático obtendremos la salvación de Dios porque nuevamente caeríamos en otro error: intentar “manipular” la acción de Dios. Dios le regala la salvación a quién ÉL decida. ÉL es SOBERANO sobre su creación. ¡Corazones convertidos y no holocaustos!

1 MORA, Vincent. Jonás. Editorial Verbo Divino. 4° ed. España, 1988.

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